lunes, diciembre 13, 2010

Dinamarca un país con nombre propio


Hace unos días me invitaron a cenar a casa de una pareja danesa con algunos compañeros de trabajo. Mientras cenábamos en uno de esos acogedores comedores daneses un tanto fríos, pero funcionales, me quedé durante unos segundos observando una curiosa lámpara de diseño nórdico que había sobre la mesa. Cuando el anfitrión me vio observando la lámpara, me dijo es "Pol Henningsen"... Como? [Respondi]... Si, el diseñador es "Pol Henningsen". Me pareció de lo más curioso que en Dinamarca la gente sepa el nombre del tipo que hace las lámparas. En ese momento, el anfitrión, viendo mi estupefacción momentánea, añadió y la silla donde estas es de "Anne Jacobsen", y el anillo que llevo es de "Georg Jensen".


Este punto me hizo pensar, pues yo no tengo ni puñetera idea de quien hace mi sofá, mi urinario, o la escobilla del váter. Pero tampoco lo encuentro necesario, y estoy seguro que eso tampoco resta funcionalidad a mis utensilios del hogar. De hecho estuve imaginando que podría pasar si algún día, les digo a mis padres que mi tele, ya no es una tele sino que es una "Bang Olufsen", o si les explico que deberían cambiar su mesa del comedor por una "Piet Hein" porque la suya ya no es funcional. En el primer caso es posible que mis padres pasaran 3 días cagándose en el hijo de "Oluf" por tener un nombre tan raro, y en el segundo caso existe la posibilidad que me deshereden por gastarme semejante pastón en un mueble extremadamente simple y feo para mi gusto.

2 comentarios:

kboxercillo dijo...

Jajaja, me parece que el anfitrión era algo pedante, aunque está bien eso de saber quien hace las cosas con las que adornas tu casa, ya no por la funcionalidad, sino por recordar que hay alguien que trabaja en tus objetos de uso cotidiano.

Jon Marín dijo...

Bueno, lo hacemos con el arte ("aist, ese Van Gogh tan cerca del baño le quita protagonismo al Velázquez que tenemos encima del water"), con la moda ("vísteme de Armani que tengo prisa") o con los vinos ("pues me pimplé un Sotogrande con casera que era toda una delicia"). Sí, es muy pedante vacilar de lo caros y reconocidos que son tus muebles, pero me quedo con lo interesante de saber reconocer la historia y el paridor de todo lo que nos rodea. Ahora compro unas remolachas a un payés de Sant Climent que, por el único hecho de saber de dónde vienen y quién las cultiva, las valoro más y saben mejor.