Durante la campaña y la precampaña electoral surgen a la luz numerosas especies en letargo durante el resto del año. Susodichas especies son el fruto anecdótico de años y años de una concepción de la política equivocada (siempre desde mi subjetivo punto de vista) donde se prima el populismo muy por encima de lo que realmente se debería primar como es el contenido, las ideas y las posturas frente a los dilemas de la sociedad actual.
¿Que porque hemos llegado aquí? Es simple, nuestra democracia actualmente dispone de pocos y oscuros medios de control y supervisión de la clase política. Con el paso del tiempo, ser político ha pasado de ser una tarea de prestigio y sacrificio por la sociedad a ser un negocio realmente rentable. Esto, a su vez, conlleva una especialización de la clase política y una profesionalización del populismo.
Actualmente el trabajo de un político es básicamente el de ganar votos y, por consiguiente, dinero para mantener unas estructuras que les permitan volver a ganar votos en las próximas elecciones. Con esto en absoluto digo que no existan grandes políticos, me consta que existen en casi todos los partidos. Pero éstas personas concienciadas de su cargo, acaban siendo fagocitadas por el ente del que dependen el cual, a la larga, anula su trabajo en pos del populismo y la conquista del voto.
El salvapatrias
Durante un gran periodo de formación el joven político es adoctrinado en las llamadas juventudes de su partido donde le graban a fuego lemas y ideas. Hasta el punto de, a veces, entrar en conflicto con su lógica racional acaben quedando insertadas cual troyano en el subconsciente. En estos cursos de formación se les enseña a arengar, besar niños, sonreír, a saber posar, qué ropa llevar y cómo quedar bien en las fotos. Y toda esta formación altamente elaborada durante el paso de los años tiene el único objetivo de ganar votos. La formación cultural, crítica y política del individuo pasa a un segundo plano, ya que la inmensa mayoría de ellos al llegar a un cargo electo se limitaran a cumplir las ordenes provenientes de las anquilosada jerarquía de los partidos “estándar”. Esto debe acabar.
El votante zombie
Recuerdo que mi recientemente difunta vecina de 90 años, siempre que había que ir a votar se guiaba por el señor que le había ofrecido chocolate con churros el fin de semana anterior en un estand de algún partido, o por el que le había explicado que el partido contrario le bajaría las pensiones (y después él lo hacia durante su legislatura).
No obstante, a pesar de que las nuevas generaciones tienen un índice de estudios superior, los votantes zombies existen y no son pocos, aún hay mucha gente que se guía por las sonrisas de los carteles, los discursos racistas, las arengas populistas. Así que por favor NO OS ABSTENGAIS. Ellos van a votar SIEMPRE.
El fanboy político
Todo cabeza de lista tiene una serie de acólitos que le proporcionan el material y los recursos durante la campaña, a veces de buena fe y a veces por puro interés. Durante la campaña y precampaña los representantes políticos no dudan en “echar mano” de esta ayuda barata o a bajo precio a cambio de promesas.
Y al acabar la campaña tendremos dos escenarios posibles: 1) es posible que el político en cuestión sufra un lapsus espacio-temporal y olvide totalmente la ayuda prestada por tal simpatizante, y/o proporcione una buena excusa para no cumplir sus promesas (para eso han sido entrenados); 2) la segunda posibilidad es que el simpatizante reciba su premio. En este caso, ¿creéis que es democrático que un ciudadano pase por encima del resto únicamente por amiguismo?
A día de hoy, cuando hace meses que mis amigos y conocidos saben de mi afinidad por PIRATA.CAT, aún no son capaces de concebir que no haga esto para “chupar del bote”, “sacar tajada”, o “pegar el pelotazo”. De hecho, podríamos decir que hasta mi reputación se ha visto afectada negativamente al explicar que soy militante activo de un partido político, y por decir que mi intención no es vivir de ello.
Conclusión
Hace unos minutos mientras volvía a casa, en el contenedor de basura de enfrente he visto por primera vez la insólita imagen de 2 señores de unos 40-50 años recogiendo comida del contenedor, y discutiendo por ella. Y, al mismo tiempo, veo en las noticias unos señores a los que les han dicho que nos tienen que hacer creer que los recortes son necesarios, y que debemos ayudar a los bancos a subsanar sus errores. Todo eso con el dinero que hemos pagado para mantener una sanidad y una educación pública decente entre otros.
Háganme un favor, el 20N vótense a ustedes mismos.
Marco Antonio Rodríguez Fernández